Lo siento, ¡es que hacía tanto frío al amanecer!- Respondió cabizbajo. Cerró la puerta, mientras se quitaba el abrigo y dirigía una mirada avergonzada a su interlocutor.
Éste, un hombrecillo de estatura mediana, y contextura gruesa, le devolvió una mirada mas amable que severa.
- Apura, muchacho, que necesito pedirte que vayas a dejar una encomienda, antes que comience a llegar el público, ¡realiza una limpieza rápida!.
Phillipe se apresuró a tomar escobas y plumero, comenzó su tarea por el lado contrario de donde se encontraba su amada pintura, sintiéndose inexplicablemente más alegre por cada pasillo que iba avanzando.
A girar en el último pasillo, cerró los ojos,- pueril gesto para sentir una especie de sorpresa, premeditada-.
Pero su sensación fué diferente: desazón, desolación...vacio,
como el atril en que hasta ayer podía verla. Ya no estaba...
-¡Que pasó con la pintura del final del pasillo!!!-
-Muchacho, que te ocurre...¡ah!, la pintura,... se vendió
-¡No es cierto!!, yo sé que en el desván usted tiene una caja llena de "esas"-.
-Muchacho,no me hables así, la pintura se ha vendido y punto.
Deja hasta aquí tu tarea y ve a entregar esto-.
Le dijo, mientras guardaba en un sobre una carta y entre medio, algunos billetes.
Luego selló prolijamente el sobre y anotó la dirección con su pluma.
El chico, con el abrigo puesto extendió su mano, recibió el encargo y lo guardó en su bolsillo.
Salió sin decir palabra alguna, tenía la garganta apretada.
A diferencia de su corrida matinal, ahora sus pasos eran muy lentos, es que nó solo sentía ese nudo en la garganta, sentía una especie de opresión en el pecho.
Sacó el sobre del bolsillo, leyó el nombre del destinatario y el lugar al cual iba dirigida- (gracias al patrón, su nivel de lectura rudimentario había avanzado notoriamente,tal vez por eso, tuvo la certeza de que todo esto era la premonición de un final cercano)- Hospital psiquiátrico de Saint Rémy de Provence, Arles.
El nudo de la garganta y el dolor que apretaba su pecho se amplificaron, subieron por sus mejillas y salieron a borbotones por sus ojos, tal como lloró de pequeño, o como lo hacía a escondidas, cuando recordaba el calorcito oloroso de mamá, sin embargo estaba claro, que estas lágrimas
serían las últimas que se permitiría, el último vestigio de su inocencia, la ultima liberación del niño que debia por autoimposición, transformarse en "hombre fuerte",
se secó las mejillas a manotones, comenzó a caminar tratando de mantener el paso firme y erguido, giró a la dercha , pudiendo ver, por la claridad del dia ,parte de los Campos Eliseos, muy lejos, al final de la calle.
La última lágrima de la infancia de Phillipe terminó de rodar por su mejilla, el cielo recortado por las formas rectas y puntiagudas de las techumbres, junto con la silueta de la gran Torre, comenzó a llenarse nuevamente de nubes de lluvia, teñidas de visos rosas, violetas y anaranjados, como un cuadro post impresionista, pero ahora, la pena estancada en el alma, no le permitiría verlas.



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