Todo ocurrió un día que parecía normal, mientras se encontraba en el local de la Galeria donde trabajaba, desde que dejó la escuela para generar el sustento para su abuela y su hermanita, sus únicos familiares.
Su trabajo era bastante benévolo, en comparación con lo que vivían otros niños en su situación, de hecho, era casi un lujo. Consistía en limpiar el piso y sacudir los estantes y atriles, ordenar las pinturas y lo que más le gustaba; pasar cuidadosamente el pomposo y suave plumero, por la delicada- y colorida- superficie de los lienzos.
Estaba acostumbrado y no le causaba mayor asombro, la destreza con que algunos pintores retrataban la realidad, lo mismo ocurría con las diosas -venus- y héroes tan bellamente plasmados, incluso con aquellas pinturas en que las pinceladas parecían gotitas salpicadas de diferentes colores - recordaba, su patrón le había enseñado, les llamaban "impresionistas"- eran las que más se vendían por esos días.
Pero todo se volvía nada, comparado con esto:
"El colorido azuloso le producía sensaciones de frío y relajo al mismo tiempo.
Las luces de las casitas invitaban al descanso y a la reunión de una familia numerosa y feliz.
los árboles, esos monumentales cipreses, parecían moverse y silbar el viento entre ellos- era increible, nunca antes había "escuchado" una pintura- y lo más alucinante...
Ese cielo, de azules, turquezas, verdes, amarillos;
las estrellas, lunas-soles, todo al mismo tiempo, cómo brillaban, cómo parecían estallar en la noche..."
Ya hacía una semana en que se sorprendía a si mismo, con la boca abierta, perdido dentro del cuadro,
pasendo por sus calles, escuchando el sonido de los árboles, los grillos, las lechuzas y toda esa "vida nocturna" tranquila, fantástica, mágica, tan distinta a la que lo rodeaba cada noche.
Ahora mientras se perdía definitivamente tras de si, la silueta del Moulin Rouge, su mente iba volando entre colores, esperando más que todo, volver a verlo...
-"¡El patrón me va a reprender!, -sus coloridos pensamientos apenas se alteraron al imaginar al personaje bonachón y amable, que le llamaría tiernamente la atención con su francés de acento extraño, el único referente paterno que había tenido en la vida,
-¡Phillipe!!, llegas tarde otra vez-
le dijo, tal cual lo imaginara, al momento de traspasar el umbral, con la cara transpirada en esa fría mañana de invierno.....
(Continuará)


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