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EL FIN DE LA INFANCIA (II PARTE)

Todo ocurrió un día que parecía normal, mientras se encontraba en el local de la Galeria donde trabajaba, desde que dejó la escuela para generar el sustento para su abuela y su hermanita, sus únicos familiares.
Su trabajo era bastante benévolo, en comparación con lo que vivían otros niños en su situación, de hecho, era casi un lujo. Consistía en limpiar el piso y sacudir los estantes y atriles, ordenar las pinturas y lo que más le gustaba; pasar cuidadosamente el pomposo y suave plumero, por la delicada- y colorida- superficie de los lienzos.
Estaba acostumbrado y no le causaba mayor asombro, la destreza con que algunos pintores retrataban la realidad, lo mismo ocurría con las diosas -venus- y héroes tan bellamente plasmados, incluso con aquellas pinturas en que las pinceladas parecían gotitas salpicadas de diferentes colores - recordaba, su patrón le había enseñado, les llamaban "impresionistas"- eran las que más se vendían por esos días.
Pero todo se volvía nada, comparado con esto:
"El colorido azuloso le producía sensaciones de frío y relajo al mismo tiempo.
Las luces de las casitas invitaban al descanso y a la reunión de una familia numerosa y feliz.
los árboles, esos monumentales cipreses, parecían moverse y silbar el viento entre ellos- era increible, nunca antes había "escuchado" una pintura- y lo más alucinante...
Ese cielo, de azules, turquezas, verdes, amarillos;
las estrellas, lunas-soles, todo al mismo tiempo, cómo brillaban, cómo parecían estallar en la noche..."
Ya hacía una semana en que se sorprendía a si mismo, con la boca abierta, perdido dentro del cuadro,
pasendo por sus calles, escuchando el sonido de los árboles, los grillos, las lechuzas y toda esa "vida nocturna" tranquila, fantástica, mágica, tan distinta a la que lo rodeaba cada noche.
Ahora mientras se perdía definitivamente tras de si, la silueta del Moulin Rouge, su mente iba volando entre colores, esperando más que todo, volver a verlo...
-"¡El patrón me va a reprender!, -sus coloridos pensamientos apenas se alteraron al imaginar al personaje bonachón y amable, que le llamaría tiernamente la atención con su francés de acento extraño, el único referente paterno que había tenido en la vida,
-¡Phillipe!!, llegas tarde otra vez-
le dijo, tal cual lo imaginara, al momento de traspasar el umbral, con la cara transpirada en esa fría mañana de invierno.....
(Continuará)

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